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Hollywood recibe demasiado mérito por momentos LGTB verdaderamente insignificantes

Los Power Rangers han presentado a la «primera superheroína homosexual» y el director de La bella y la bestia pregonó a los cuatro vientos su «momento exclusivamente gay». Sin embargo, en realidad las dos escenas tienen mucha menos trascendencia de la que parece, aunque sigan levantando polvaredas en algunos países.

publicado
Kimberly French/Lionsgate, Laurie Sparham/Disney, Paramount Pictures

Becky G. como Trini en Power Rangers, Josh Gad como LeFou en La bella y la bestia y John Cho como Sulu en Star Trek Beyond.

A principios de esta semana, The Hollywood Reporter publicaba un artículo proclamando que la nueva película de los Power Rangers «rompe esquemas presentando al primer superhéroe homosexual de la gran pantalla». Suena a gran paso: a pesar de la presencia apabullante del género de superhéroes, ha tardado en abrir sus puertas a la inclusión LGBT, al menos en el cine (la tele es otra cuestión). Según THR, «hay una escena en la que los héroes descubren que el Ranger amarillo, Trini (Becky G.), está en proceso de aceptar su orientación sexual». «En realidad, se pregunta quién es ella misma», dice el director, Dean Israelite, respecto a Trini. «Todavía no lo tiene del todo claro».

Así se desarrolla la escena realmente: Trini y los demás Rangers están compartiendo vivencias personales alrededor de una hoguera y ella explica cómo ha preferido mantener a su familia al margen de su día a día y sus relaciones. «¿Problemas de chicos?» pregunta el Ranger negro, Zack (Ludi Lin). «Sí, problemas de tíos», responde Trini, ¿con sarcasmo? (Es difícil decirlo: Becky G. interpreta el 99% de sus diálogos con un deje irónico). Zack entorna los ojos y pregunta: «¿Problemas de tías?».

Trini no responde.

Es un breve instante que plantea la posibilidad de que Trini haya tenido una relación romántica con una mujer sin afirmarlo explícitamente. En todo caso, llama la atención tanto la forma en la que Zack no da por sentada su heterosexualidad como el silencio de Trini. La joven no comenta nada más sobre su sexualidad y no tiene un interés romántico en ningún momento de la película (como todos los Rangers, a pesar de que el Ranger rojo y el rosa flirteen de vez en cuando). No obstante, ese diálogo de medio minuto bastó para difundir la historia en docenas de publicaciones que afirmaban que los Power Rangers se convertían en un referente en la representación de la diversidad sexual. A pesar de que, desde luego, el progreso debe celebrarse (cualquier avance es mejor que ninguno), se trata de un momento que se queda cortísimo.

Lo mismo ocurre con el momento «exclusivamente gay» de La bella y la bestia, en el que el devoto compañero de Gastón, LeFou (Josh Gad), baila durante dos segundos con otro hombre al final de la película. Es una escena, como comentó el crítico de Pop Culture Happy Hour Glen Weldon en un tuit, que refleja «exactamente del tipo de chiste gay fácil que Hollywood siempre incluye en sus películas, aunque sin la histeria habitual». Tampoco fue el único. El compañero de baile de LeFou es un personaje que, en una escena anterior, se muestra inesperadamente encantado con la ropa femenina en la que lo obliga a embutirse la agresiva Madame de Garderobe. Por lo visto, eso fue suficiente para señalar a LeFou como el primer personaje abiertamente gay de Disney en una ola de cobertura mediática que el mismo director Bill Condon describió como «exagerada».

El año pasado Star Trek Beyond, también antes de su lanzamiento, reveló que su encarnación del Tte. Hikaru Sulu (John Cho) era gay, cosa que resultó armar más revuelo en las entrevistas del que finalmente causó en la gran pantalla. Ocurrió al presentar a un marido que nunca había sido mencionado, interpretado por el guionista Doug Jung, al que se veía siendo abrazado por Sulu de forma cariñosa, pero no explícitamente homosexual, durante un momento, mientras se marchaban con su hija. «Si pestañeabas, te lo perdías», dijo George Takei, que interpretó el papel de Sulu en la serie de televisión original de Star Trek. «Hay otras personas que lidian en mayor medida con problemas LGBT».

Lo cual es innegable. No es ninguna novedad que las películas independientes, como la ganadora del Óscar a la Mejor película de este año, Moonlight, han estado siempre muy por delante de las comerciales en cuanto a representación y narración de historias LGBT. Lo que sí es destacable es hasta qué punto también la televisión ha dejado atrás a los blockbuster. Y no solo en la televisión por cable: en un mundo en el que Cómo defender a un asesino dejó caer una escena de sexo oral anal (no explícito) entre Jack Falahee y Conrad Ricamora en horario de máxima audiencia hace dos años parece especialmente absurdo alabar una película de estudio por incluir una escena de dos hombres abrazados (uno de ellos con ropa de mujer), de forma "totalmente gay".

Las superproducciones como Power Rangers, La bella y la bestia y Star Trek se encuentran en una encrucijada incómoda: tratan de dirigirse a un público estadounidense que ha estado exigiendo de forma insistente y resonante un cambio, al mismo tiempo que dependen más que nunca de los mercados internacionales para conseguir beneficios. En algunos de estos mercados, incluir temáticas LGBT conlleva que no se permita la exhibición de la película, será censurada o se someterá a medidas restrictivas. El último caso se ha dado en Rusia, donde en 2013 Vladimir Putin aprobó un proyecto de ley que prohibía dar información sobre la homosexualidad a niños y por el que La bella y la bestia recibió una certificación de «inadecuada para menores de 16 años» tras un intento (fracasado) de prohibirla.

El legislador encargado de la norma, Vitaly V. Milonov, admitió que ni siquiera había visto la película antes de proponer su ilegalización. Sin embargo, el público de Kuwait ha visto La bella y la bestia (o al menos tuvo la oportunidad de hacerlo): el «remake» de imagen real ya llevaba proyectándose en cines de todo el país durante unos días cuando el Ministerio de Información paralizó la venta de entradas, presuntamente con apoyo de la prensa, pidiendo que se presente una nueva versión (censurada) debido a la «preocupación» por «una escena al final de la película que involucra al personaje LeFou», según el Kuwait Times. Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿de verdad es tan gay la escena si han tenido que enterarse por la prensa? Y, lo que es más apremiante: si de todas formas lo más probable es que una escena vaya a ser cortada en países menos tolerantes, ¿para qué ser tan tímidos al respecto desde el principio?

Que estos pequeños momentos de visibilidad reciban un reconocimiento desmesurado no es solo culpa de los creadores, si no de sus departamentos de marketing y, sobre todo, de una cobertura mediática que se lanza a difundir estas "agradables historias de inclusividad" con demasiado entusiasmo. Momentos históricos como estos dan lugar a buenos titulares y el público está sediento de señales de que puede la aceptación de toras identidades por parte de gigantescas corporaciones que cambian de dirección con la lentitud de un petrolero (¿recordáis cómo esa mínima escena con dos mujeres y un cochecito de bebé en el tráiler de Buscando a Dory llevó a especular sobre «la primera pareja lesbiana en una película de Pixar»?). Sin embargo, el resultado de esta cobertura son películas que reciben elogios no tan merecidos, ya que los progresos, los pequeños momentos que muestran, son solamente gestos sutiles, a pesar de ser también sorprendentes y bienvenidos son películas ampliamente elogiadas por adelantado por progresos que no merecen atención. Se trata de pequeños gestos que deberían ser sutiles y bienvenidas sorpresas.

En cualquier caso, estos momentos resultan especialmente intrascendentes en comparación con las décadas de dobles sentidos y señales ocultas por parte de personajes que quizás no hayan sido abiertamente homosexuales, pero que son y que siempre han sido mucho más visibles que un par de segundos de baile entre dos tíos. Están, por ejemplo, todos los fantásticos (pero problemáticos) villanos de Disney con codificación gay, como Scar en El rey león, el cursi gobernador Ratcliffe de Pocahontas y Úrsula, de La sirenita, inspirada en la drag queen Divine. Estos personajes son inevitablemente castigados por su existencia, pero también resultan divertidos y memorables, en contraste con héroes verdaderamente pusilánimes: no es casual que Angelina Jolie quisiera interpretar a Maléfica, y probablemente el mismo razonamiento hizo que Elizabeth Banks haya querido convertirse en Rita Repulsa en Power Rangers – un estereotipo de vampiresa seductora, de sexualidad indeterminada y directamente sacada de la tradición de los villanos Disney.

¿Qué es un abrazo sin importancia para Sulu (Star Trek) en comparación con los millones de palabras de fanfiction que convertían la relación Kirk - Spock en algo sexual o, como mínimo, romántico? En nuestras pantallas siempre ha habido temas y personajes que vivían su homosexualidad en secreto, y que pudieran empezar a hacerlo públicamente sería algo verdaderamente histórico. En cambio, estos gestos sutiles de las grandes producciones se venden como pioneros de una forma que acaba resultando extrañamente despectiva hacia esos elementos que los espectadores hemos intuido durante años. Estos "hitos de la visibilidad" no solo son insignificantes, si no que no hacen justicia a lo que la mayoría del público ha asumido que, aunque de forma imperfecta y complicada, siembre había estado oculto a plena luz del día.

Este artículo ha sido traducido del inglés.

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