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La salud mental no puede convertirse en un circo en televisión

Si la salud física es claramente un límite que impone el respeto, ¿por qué no lo es la mental?

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El pasado mes de julio, Mª José Campanario era ingresada en el Hospital de salud mental ‘El Seranil’, en la provincia de Málaga. La mujer del torero Jesulín de Ubrique, que además lucha desde hace varios años contra una enfermedad como la fibromialgia, había mostrado en días anteriores a su ingreso un comportamiento extraño en redes sociales, del que la prensa del corazón, en particular el programa ‘Sálvame’, se hicieron eco.

A partir de conocerse la noticia de su ingreso, a modo de “bombazo” dentro del programa, como si de una noticia cualquiera más se tratara, comenzó la persecución mediática diaria a la odontóloga. Reporteros en la puerta del hospital, análisis exhaustivo de sus redes sociales, pacientes anónimos que contaban cómo avanzaba María José dentro de la clínica y especulaciones. Especulaciones sobre su situación personal. Sobre su relación con su marido. Con la expareja de su marido. Con los periodistas. Especulaciones sobre trato de favor en la clínica. Especulaciones sobre su estado. Una especulación detrás de otra.

Cuando alguien padece una enfermedad física o está en una situación complicada por un problema del mismo tipo –por ejemplo, un accidente de tráfico– incluso la prensa del corazón, siempre tachada de despiadada y frívola, hace un alto. Las ganas de saber siguen ahí, pero el tono cambia; los familiares son tratados con amabilidad y cercanía, el personaje con respeto, el diagnóstico con mucha cautela. Salvo casos excepcionales, así se hace. Porque así se debe hacer. Por eso no deja de resultarme sorprendente, incluso escandaloso, cuando la enfermedad mental se convierte en un circo con el beneplácito de todos los medios implicados. Cuando se rellenan programas lanzando teorías sobre la salud mental de una persona que está ingresada. Cuando se crean historias sobre oscuras obsesiones para incentivar el morbo por una situación que, de ser una enfermedad física, se trataría con respeto.

Y no, no es desconocimiento. Los propios médicos de la clínica ‘El Seranil’, en un comunicado a ‘Sálvame’ a través de su reportero José Antonio León, pedían al programa que “se hable menos de este asunto porque sería algo favorable para su recuperación”. Pero, ¿a quién le importa lo que tengan que decir unos médicos sobre su paciente? ¿A quién le importa lo que pueda estar sufriendo una persona si no hay heridas, ni huesos rotos, ni riesgo de muerte?

La prensa del corazón es una industria de la que se benefician personajes y medios y, aunque con bastante asiduidad surjan dudas sobre los derechos de unos y otros, lo cierto es que hay límites que deben trazarse y no ser sobrepasados. La salud mental merece el mismo respeto que la salud física o más cuando estamos hablando de cobertura en los medios; y poco debe importarnos qué haya vendido una persona de su vida personal, qué no haya vendido, qué le hayan robado o cómo haya participado en el negocio de la prensa rosa. Que nadie se confunda, el circo de ‘Sálvame’ es divertido, entretenido y tiene una capacidad deslumbrante para convertir en humor dramas creados de la nada, que por normal general no tienen trascendencia más allá del puro entretenimiento; pero no podemos llenarnos la boca con campañas contra el bullying y alegatos a favor del respeto para después dedicar nuestra parrilla diaria –con 'El programa del verano', 'Sálvame', 'Cazamariposas' y 'Socialité' a toda máquina– a atacar a una persona que se enfrenta a un problema mental. No podemos lanzar desde un poderoso medio el mensaje de que la salud mental es cosa de risa, que los problemas mentales son una cosa menor, que no deben de ser vistos con el mismo respeto que los problemas físicos y esperar después que la gente no repita ese mismo tipo de comportamientos en su casa, con su familia, su pareja o sus compañeros de trabajo.

Si no queremos perpetuar el estigma de la salud mental ni vivir en una sociedad que acude a urgencias con un corte en un dedo pero trata los problemas mentales con un "son rachas" o "ya se pasará", tenemos que comprometernos todos para demostrar que la salud mental merece atención y respeto. Y que la salud mental ajena no puede, bajo ningún concepto, convertirse en un entretenimiento.

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