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9 maneras en que 'Big Little Lies' se ha convertido en una serie emblemática

Cuidadín: ¡HAY MONTONES DE SPOILERS!

publicado

1. La serie ha supuesto un reto a la forma en que vemos a las mujeres en televisión.

HBO

Nunca antes había visto nada como Big Little Lies en televisión. Pero, antes de su estreno, tuve por lo menos tres conversaciones con periodistas televisivos que mostraban cierto rechazo porque trataba sobre un grupo de mujeres ricas. Me quedé un tanto impactada: ¿las tribulaciones de las vidas de las mujeres y la maternidad alimentan todo un tesoro de programas de televisión que de alguna manera estaban escondidas para mí? Porque, personalmente, a mí me cansan más el crimen y los estafadores.

La televisión de prestigio, tal como existe hoy en día, se ha saltado en muchas ocasiones las historias sobre las comunidades de mujeres. Mujeres desesperadas y Sexo en Nueva York abordaron los problemas de las mujeres y la amistad entre ellas a principios de la nueva Época Dorada de la televisión. Orange is the New Black y Jane the Virgin lo siguen haciendo. Las chicas Gilmore, serie que nunca se consideró de la Época Dorada, es otra excepción. Pero piensa en lo raro que es ver un grupo de mujeres en una escena hablando de sus vidas. Hoy en día, en las series de televisión hay tantas cosas en juego que nadie habla de sus vidas (los doctores de Anatomía de Grey a veces lo hacen, pero inevitablemente son interrumpidos por una emergencia quirúrgica).

Big Little Lies ofrecía algo diferente, tal como se mostraba en la escena final de esta miniserie. Aunque el camino a aquel final de diversión en la playa no era una utopía feminista (fue un camino plagado de ataques personales, competitividad y envidia), demuestra que es posible para las mujeres aliarse para intentar conseguir algo mejor. O no... en realidad, también me encantaría ver series donde las mujeres se unen para conseguir algo peor.

2. Sus interpretaciones.

HBO

Una de mis cosas favoritas de Big Little Lies es ver cómo los personajes escuchan mientras otra persona habla. Es el tipo de interpretación que normalmente resulta muy desagradecida. Todo lo que solemos ver es una imagen rápida de alguien asintiendo con la cabeza.

No obstante, en Big Little Lies escuchar forma parte fundamental de la historia. Importa cómo Madeline (Reese Witherspoon) absorbe la explicación directa y natural de Jane (Shailene Woodley) acerca de cómo la violaron; cómo Celeste (Nicole Kidman) reacciona a las sutiles omisiones del maltrato que hace Perry (Alexander Skarsgård) durante su primera sesión de terapia; y cómo recibe Jane la evaluación positiva de Ziggy (Iain Armitage) por parte de la psicóloga infantil. Y, en cada una de estas escenas, Witherspoon, Kidman y Woodley realizan algunas de las mejores interpretaciones de sus carreras.

Al igual que hace prácticamente todo el reparto de la serie: Adam Scott permite que Ed, el marido de Madeline, se muestre a la vez herido, quisquilloso y un poco aburrido, para que puedas comprender que ella se sienta atraída por él pero tampoco esté totalmente entusiasmada con él. De alguna manera, Skarsgård consigue evitar que Perry se convierta en un villano bidimensional, sin alejarse en ningún momento de lo monstruoso de su comportamiento. Incluso Zoë Kravitz es capaz de darle forma a Bonnie, el personaje al que menos atención se presta en la serie, especialmente teniendo en cuenta su muy relevante historia de fondo tal como se narra en la novela de Liane Moriarty. Alerta de spoiler sobre el libro en el que se basa la serie que ya has visto: el padre de Bonnie abusaba de ella.

Y luego están los niños. Todos actúan como niños, de una manera muy realista. Me creo lo de que que la hija de Madeline, Chloe, sea tan dueña de sí misma y tan musicalmente astuta porque la actriz Darby Camp me resulta totalmente convincente a la hora de aportarle esas cualidades.

Será divertido, aunque un poco mundano, ver cómo se las arregla la Academia de la Televisión para nominar todas las actuaciones tan excepcionales de Big Little Lies. La categoría de Actriz Principal de Serie Limitada será una locura. Pero por ahora podemos disfrutar de una serie que dio a tantas personas talentosas mucho espacio para dar tanta vida a estos personajes tan desastrosos, tan convincentes y tan profundamente humanos.

—Adam B. Vary.

3. Cómo clavó la insidiosa amenaza de los hombres.

HBO

Hay un algo persistente e inquietante en Big Little Lies, y no es solo el hecho de que la muerte esté presente en toda la serie. Es una sensación palpable y creciente que, al menos en parte, depende del rol de los hombres en esta serie sobre mujeres.

Aunque Big Little Lies no trata sobre el machismo propiamente dicho, existe una sensación subyacente de amenaza masculina que va unida a la narrativa, y cuando más dramática se vuelve es en cada escena entre Celeste y Perry. Pero también está ahí cuando los ojos de Ed se posan sobre su hijastra adolescente, Abigail (una acción de la que nunca se habla ni a la que nunca se hace frente) y cuando Ed mira a Bonnie haciendo ejercicio para luego comentar que "le encanta ver el sudor en las mujeres". Está en el tono con el que Gordon (Jeffrey Nordling), marido de Renata (Laura Dern), amenaza a Jane y en el sentimiento de aprensión cuando Joseph (Santiago Cabrera), el ex amante de Madeline, le grita y se acerca a ella enfurecido mientras están solos. Está ahí cuando Madeline está sola en el coche, sumida en un mar de lágrimas tras haber escuchado la historia de la violación de Jane. Incluso está ahí con los niños: la manera en que la hija de Renata y Gordon, Amabella (Ivy George) llega a casa con marcas de mordiscos pero tiene demasiado miedo para contarle a sus padres quién le ha hecho daño.

Big Little Lies muestra, con detalles grandes y pequeños, lo que tantas mujeres aprenden con la experiencia. No es un problema que se pueda resolver en siete episodios de una hora en una serie de HBO, pero la final de Big Little Lies muestra uno de sus temas conductores de una manera realmente conmovedora: a lo largo del episodio, observamos tanto los gestos sutiles como los más transcendentales que las mujeres tienen entre ellas cuando sienten que algo de verdad va mal. Está en la manera en que Madeline salta a la defensa de Jane cuando Gordon le planta cara, y en el lenguaje corporal entre Renata y Celeste cuando la primera ve a la segunda escapar de Perry. Está en la manera en que Bonnie sigue a Celeste con los ojos cuando siente que Perry es una amenaza. Y, por supuesto, está en la manifestación literal de toda esta tensión, cuando Perry ataca a su esposa y todas las mujeres acuden a defenderla. Porque, aunque la serie se divierte con las "mamás" ricas, cuando realmente cobra vida es a través del lenguaje compartido (y en este caso a través del vínculo que acabarán compartiendo) que acompaña al acto de sobrevivir a la persistente amenaza de los hombres. Cuando, dentro de unos años, pensemos en Big Little Lies, veremos a todas esas mujeres unidas en la playa. Al menos, así será para mí.

—Alanna Bennett.

4. Su terapeuta.

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Mis padres, ya jubilados, pasaron gran parte de su vida ejerciendo como profesionales de la salud mental (mi madre era trabajadora social clínica y mi padre era psiquiatra). Algunos de sus pacientes lidiaban con problemas similares a los que tiene que enfrentarse Celeste en Big Little Lies. Pero hasta el episodio "Once Bitten", donde la terapeuta de Celeste, la doctora Reisman (Robin Weigert) guía cuidadosamente a su paciente para que esta se enfrente a la verdad de los abusos que sufre por parte de su marido, nunca había visto ninguna serie ni película de televisión plasmar con tanta consideración lo que hacían mis padres cada día en sus oficinas.

Demasiado a menudo, los terapeutas se utilizan en la pantalla como herramientas prácticas para el conflicto, rompiendo las barreras éticas sin pensárselo dos veces y mostrando un comportamiento que en gran manera sobrepasa los intereses de sus pacientes. Lo entiendo: representarlo de esa manera es una buena forma de conseguir un drama fácil. Pero, como pasa con todas las otras facetas de Big Little Lies, en las sesiones de Celeste con la doctora Reisman la serie optó por explorar el gran drama del comportamiento humano real. Incluso más que la ya difunta serie de HBO, En terapia, esta serie clavó la precisión empática que aplican los terapeutas para ayudar a sus pacientes a deshacer el nudo y liberarse de los espinosos traumas que pesan sobre sus vidas. Nunca he visto nada parecido y cuando terminó aquella escena de "Once Bitten" me sentí tan abrumado por la emoción que tuve que hacer pausa durante un momento para recuperarme.

—ABV.

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5. Su dirección.

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Entre la política del patio del colegio, el tira y afloja del trauma y las emotivas vidas de un amplio elenco de personajes, Big Little Lies tiene muchas cosas que encajar. Podría haber acabado fácilmente en algo caótico con un director menos experto. Sin embargo, bajo la dirección de Jean-Marc Vallée, las piezas encajan con una armonía desgarradora.

Si eres fan de Big Little Lies, hazme un favor y ponte Alma Salvaje, de 2014. Dirigida por Vallée y adaptada de la autobiografía de Cheryl Strayed, sobre una mujer que se encuentra en un cruce de caminos emocional, esta película es hermana de la serie de HBO. Tanto en la película como en la serie, la manera que tiene Vallée de abordar la memoria (a base de cortes e imágenes rápidas y vivaces) te arrastra hacia el vacío del pasado a la vez que te mantiene aferrado o aferrada al presente. Su trabajo representa lo contemplativo y lo hambriento, y es fácil comprender por qué Witherspoon (que también es una de las productoras ejecutivas de Big Little Lies) tenía tantas ganas de trabajar con él una segunda vez. Las impresionantes imágenes, increíbles interpretaciones, el ingenio que lo invade todo, esa música, la sensación general que ofrece la serie es una de las cosas que le aportan tanto magnetismo.

Vallée fue de vital importancia para echar todo eso en el mismo saco y hacerlo cantar de manera que no pareciera otra versión de los mismos elementos que llevamos años viendo en la televisión.

—AB.

6. Su música.

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La música de Big Little Lies es algo imposible de ignorar que cautivó por completo a los espectadores de la serie. La banda sonora no incluye ninguna composición original, pero los ya famosos acordes de Janis Joplin, Fleetwod Mac y Alabama Shakes suenan en el fondo (y a veces en primer plano) en los momentos más relevantes.

La letra y las melodías suscitan toda una miríada de emociones: el tema principal, "Cold Little Heart" de Michael Kiwanuka, aporta un tono de inquietud, intriga y cautivación; "River", de Leon Bridges, suena en el reproductor del coche cuando Madeline y Chloe hablan sobre el perdón y sobre "reconciliarse" y Bonnie, Ed y Nathan (James Tupper) interpretan canciones de Elvis en el evento de "Trivia Night" mientras se desarrollan otros dramas.

La música es prácticamente otro personaje en Big Little Lies, que hace que los espectadores sientan empatía, miedo y, finalmente (cuando suena una versión de "You can't always get what you want" en la escena final del episodio 7 mientras Celeste, Madeline, Jane, Bonnie y Renata están solas en la playa con sus hijos) aporta sensación de paz.

—Krystie Lee Yandoli.

7. Cómo muestra a los padres y a los hijos y las cosas que estos perciben.

HBO

A lo largo de sus siete episodios, Big Little Lies hace un gran trabajo para capturar la naturaleza absolutamente incapacitante de la violencia, algo que es un denominador común en toda la serie. Su manifestación más extrema aparece cada vez que Perry ataca físicamente a Celeste y la sentimos de manera ominosa y devastadora cuando acusan a Ziggy de hacerle daño a Anabella. Lo que es increíblemente interesante sobre esto último es cómo muestra a los niños adaptándose a cosas que han visto o han sentido. Aunque Perry cree que puede hacer daño a Celeste sin que nadie lo vea, uno de sus propios hijos (lo cual descubrimos en el final de la serie) es el que le ha estado haciendo daño a Anabella todo este tiempo. Esto a su vez lleva a los niños del colegio de primaria, Ziggy, Anabella, Chloe y Josh, a tratar el maltrato de una compañera de clase de manera muy parecida a cómo lo harían los adultos en la serie: no diciendo nada de nada. O, lo que es peor, con Max convirtiéndose él mismo en el agresor.

La manera en que los adultos se dirigen a los niños de la serie me recordó a una cita de la novela debut de Toni Morrison, Ojos azules: "los adultos no nos hablan: nos dan instrucciones", escribió. "Imparten órdenes sin facilitar información". Y así son la mayoría de las relaciones entre padres e hijos en Big Little Lies. En la serie, Renata se enfada cada vez que Anabella se niega a contar quién le ha estado haciendo daño y se muestra furiosa porque no comprende por qué a su hija le cuesta tanto abrirse y hablar de ello. No culpa de ninguna manera a su hija por el daño que recibe, pero existe un trasfondo de "¿cómo has podido dejar que alguien te haga esto?" Y si a una niña le cuesta tanto hablar de los abusos que sufre, resulta mucho más fácil comprender el dilema de Celeste.

De igual manera, a menudo Jane no consigue dormir por la noche porque, a la vez que intenta lidiar con su propio trastorno de estrés post traumático, también le preocupa que su hijo Ziggy no sea el niño dulce e inocente que aparenta ser. Por eso, siguiendo los consejos de su profesora, le lleva a una psicóloga infantil para que le evalúe. La manera en que los adultos hablan a los niños en Big Little Lies (tal vez con la excepción de la relación de Chloe y Madeline y la de Bonnie y Abigail) no permite a los niños mostrarse abiertos con sus padres, en parte debido a que la manera en que el padre o madre pide (o exige) información no hace que el niño o niña se sienta lo suficientemente cómodo o cómoda para hablar y también porque la violencia es algo que debilita.

Big Little Lies muestra las complejidades del maltrato a la vez que demuestra que las maneras en que los niños y los adultos se enfrentan a ello no son muy diferentes.

—Michael Blackmon.

8. Su poderosa representación de las amistades femeninas.

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Big Little Lies demuestra que las amistades entre las mujeres no solo son importantes: son esenciales.

A lo largo de los siete capítulos, vemos cómo los cinco personajes femeninos centrales viven la lucha y las dificultades que supone ser mujeres, esposas y madres: Jane es madre soltera de Ziggy, Renata lucha porque la vean como una buena madre para Amabella por culpa de su carrera de altos vuelos, Madeline siente que se la compara con Bonnie, la segunda esposa de su ex marido y Celeste no encuentra la misma plenitud en su papel de madre a tiempo completo que en el de abogada.

Además de todo eso, también tienen que enfrentarse a la violencia y la opresión de los hombres. Jane lucha contra lo que significa ser superviviente de una violación y con ser una madre joven tras tener al hijo de su violador, y Celeste se enfrenta al trauma de su relación de maltrato físico, que a punto está de matarla.

Pero, mientras que estas realidades son lo más difícil de sus vidas, también son lo que une a estas mujeres. Pueden verse reflejadas las unas en las otras, y por lo tanto pueden apoyarse como no lo les es posible hacer con otras personas que hay en sus vidas. Independientemente de cuánto los quieran, los hijos y los maridos no pueden comprender la magnitud de lo que significa ser mujer y madre.

Y es realmente en el momento en el que Perry muere cuando Madeline, Celeste, Jane, Renata y Bonnie quedan unidas para siempre. No solo vivieron ese horrible encuentro, lo sobrevivieron porque se apoyaron las unas a las otras. Sin apenas intercambiar palabras, Jane consigue decirle a Madeline que Perry es el hombre que la violó y Madeline transmite esto mismo a Celeste mediante el contacto visual. Y cuando Perry golpea a Celeste, todas las mujeres dan lo mejor de sí mismas para luchar contra él. Y, lo más importante, todas comparten el secreto de Bonnie, guardándolo bajo llave sin contárselo a nadie.

Big Little Lies muestra el incomparable poder de las amistades femeninas y cómo las mujeres se protegen y se cuidan, porque necesitan hacerlo. Ya sea enfrentándose a problemas que cambian su vida o a los aspectos más pequeños de la vida cotidiana, sus amistades ayudan a estas mujeres a sentirse vistas, escuchadas y protegidas. Y, en el caso de Celeste, también salvan vidas.

—KLY.

9. Su final.

HBO

Lloré con las últimas imágenes de Big Little Lies, con las imágenes de Madeline, Bonnie, Celeste y Renata sentadas juntas en la arena con sus copas de vino de plástico tan conscientemente seguras en la playa, viendo a sus hijos jugar con las olas. ¿Cómo no llorar? Había algo tan malditamente conmovedor en ver a todas esas mujeres, algunas amigas y otras ex enemigas mortales, unidas por haber reconocido y haber tomado represalias contra el violador y maltratador que descubrieron en su entorno. Al igual que toda la serie, las imágenes de la playa parecían de catálogo, mientras que las definía una historia oscura. Estos personajes por fin se habían acabado viendo de la misma manera en que los espectadores las habíamos visto durante toda la serie: como personas complicadas injustamente encasilladas en papeles que no merecían, enfrentándose a dolores y retos privados de los que el mundo no tenía ni idea.

Había tantas cosas en Big Little Lies sobre las trampas que les ponen a las mujeres, el machismo interiorizado, los juicios y las etiquetas sobre el comportamiento de la feminidad que sabemos que son injustas, que sufrimos y que nos provocan resentimiento, y que a menudo no podemos evitar utilizar como arma contra otras personas. La madre trabajadora se pone a sí misma por delante de su hijo o hija, mientras que la madre a tiempo completo es obsesiva, se implica demasiado y solo la definen sus hijos. La madre soltera con ingresos más bajos es una intrusa que no es de fiar, la esposa más joven es una mujer trofeo y la que parece tener una vida perfecta ni siquiera puede mostrar lo contrario. Las mujeres de la serie comprendían demasiado bien las maneras en que la comunidad las percibe respectivamente y aun así para cada una de ellas deshacerse de estas percepciones respecto a las demás supone un proceso largo y difícil. Hace falta tener un enemigo común para dejar de verse como adversarias.

Esa afirmación de hermandad entre mujeres, en la playa fue mucho más que melancolía. La miniserie de HBO comenzó poco menos de un mes después de la ceremonia de inauguración de Donald Trump, un hombre que en su día dijo, de las mujeres, que "cuando eres una estrella te dejan hacerlo; puedes hacer cualquier cosa". No obstante, fue el candidato elegido por más de la mitad de las mujeres blancas que, ya fueran liberales de California o no, eran el enfoque principal de Big Little Lies. La promesa de ese final, que las mujeres pueden reconocer y unirse, sin palabras, contra esa figura tóxica masculina, que la empatía femenina puede ser más poderosa que las diferencias individuales y las fuerzas externas que nos dividen, dio una sensación (a la luz de los últimos meses) tan aspiracional como cualquiera de esas casas de fantasía que se extienden a lo largo del litoral de Monterey.

—Alison Willmore.

Este artículo ha sido traducido del inglés.